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PULSO GEOPOLÍTICO | CONFLICTOS GLOBALES, GEOPOLÍTICA Y PODER EN EL SIGLO XXI El programa diario que ofrece un análisis exhaustivo y actualizado de los principales conflictos internacionales, estrategias geopolíticas y su impacto en la economía y la política global. En cada episodio, hablamos con reconocidos expertos en geopolítica, relaciones internacionales y economía global, quienes desglosan cómo los eventos mundiales influyen en la estabilidad política, económica y en la seguridad global. Desde tensiones diplomáticas hasta maniobras geoestratégicas que redefinen el poder global, Pulso Geopolítico te mantiene informado sobre las dinámicas que están moldeando el mundo actual. Dirigido a quienes buscan comprender las fuerzas que configuran el panorama global y cómo las decisiones estratégicas en diferentes regiones impactan nuestro mundo, este programa es una herramienta clave para mantenerse al día con los cambios que afectan la estabilidad global. Con la participación de los mejores analistas y geoestrategas, Pulso Geopolítico ofrece un análisis claro y fundamentado sobre los temas más relevantes del Siglo XXI. #Geopolítica #ConflictosInternacionales #EstrategiaGlobal #AnálisisEconómico #Inversores #MercadosFinancieros #ExpertosEnGeoestrategia #PolíticaInternacional #RelacionesInternacionales #PoderGlobal #EconomíaGlobal #SeguridadInternacional #Geoestrategia #GeopolíticaMundial #RiesgoPolítico #AnálisisGeopolítico #TensiónGlobal #Diplomacia #EconomíaPolítica #MercadosGlobales #ConflictosGeopolíticos #GeopolíticaEconómica #GeopolíticaEnergética #GeopolíticaRegional #SistemasInternacionales #OrdenMundial #EstabilidadGlobal #EstrategiaPolítica #PolíticaExterior #AnálisisInternacional #Geoeconomía #GeopolíticaFinanciera #ConflictosMilitares #DefensaGlobal #PolíticaGlobal #EconomíaMundial #TendenciasGlobales
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El tablero geopolítico afronta dos encrucijadas críticas. Por un lado, la OTAN y España examinan si sus esquemas de defensa tradicionales se han vuelto obsoletos frente a las tácticas de la «zona gris». La desinformación, los ciberataques y la instrumentalización de flujos migratorios —como se ha evidenciado en escenarios desde Ucrania hasta la frontera de Ceuta— exigen trascender la disuasión militar convencional frente al empuje de potencias como Rusia y China. Por otro lado, Estados Unidos se encamina a unas elecciones midterm clave para redefinir el equilibrio de poder en Washington. Con la posibilidad de un retorno demócrata en el Congreso, el país debate si el ala progresista ganará peso o si la factura política del mandato de Donald Trump reactivará la alternancia. De recuperar ambas cámaras, los demócratas replantearían las alianzas con Europa y la gobernanza mundial, en un escenario atravesado por una profunda y persistente polarización política.
El Proyecto Islero, el secreto programa franquista para desarrollar la bomba atómica en los años sesenta, constituye uno de los episodios más enigmáticos de la diplomacia española. De haberse consumado, una España dotada de capacidad nuclear habría alterado drásticamente el equilibrio defensivo del sur de Europa y del Mediterráneo durante la Guerra Fría, redefiniendo de forma permanente su peso estratégico frente a Washington y las potencias europeas. Esta ambición histórica cobra vigencia tras el reciente pacto entre Estados Unidos y Arabia Saudí para la cooperación nuclear civil. El acuerdo demuestra que la energía atómica sigue siendo la moneda de cambio definitiva en la alta geopolítica mundial. Tanto la frustrada aventura española como el movimiento saudí reflejan una misma aspiración histórica: utilizar la tecnología nuclear no solo como garantía de seguridad nacional, sino como un elemento de presión indispensable para negociar de igual a igual con las grandes potencias.
El avance de los rebeldes hutíes sobre posiciones estratégicas del puerto de Mocha consolida una peligrosa escalada en la crisis geopolítica de Yemen. Esta ofensiva no solo amenaza con reactivar los frentes más cruentos de la guerra civil, sino que impacta de lleno en la arquitectura de la seguridad global. Al estrangular una de las arterias del comercio marítimo en el mar Rojo, la inestabilidad yemení compromete la logística internacional y presiona los mercados de la energía, evidenciando la vulnerabilidad de las rutas de suministro clave. En paralelo, el conflicto en Ucrania refuerza una lección amarga para la diplomacia internacional: el elevado precio de ignorar la realidad geopolítica. La persistencia de la invasión evidencia las trágicas consecuencias de la inacción y de la falta de previsión ante amenazas estratégicas patentes. Tanto en el mar Rojo como en Europa oriental, la geopolítica actual castiga la ingenuidad y exige respuestas coordinadas ante crisis que ya son globales.
El 16 de septiembre de 1959, Charles de Gaulle propuso públicamente la autodeterminación de Argelia, abriendo el camino hacia el fin del imperio francés en el norte de África. Este hito no solo facilitó la descolonización, sino que reconfiguró el neocolonialismo francés, mutando del control territorial directo hacia alianzas de dependencia económica e influencia política sobre sus antiguas colonias. Tres décadas después de la guerra de Bosnia, las viejas cicatrices europeas se reabren tras el multitudinario entierro en Belgrado del excomandante serbobosnio Ratko Mladic, conocido como el «carnicero de Bosnia» y condenado a cadena perpetua por genocidio y crímenes contra la humanidad. Mientras miles de simpatizantes y autoridades lo despedían como a un héroe nacional, la Unión Europea ha denunciado rotundamente este homenaje público. La exaltación de su figura complica seriamente la reconciliación regional e interpone una gran brecha en las aspiraciones de Serbia para ingresar en la UE, cuestionando si Belgrado comparte realmente los valores democráticos del club comunitario.
Japón reafirma su peso estratégico en Asia Oriental, donde la estabilidad regional depende del delicado equilibrio diplomático y militar. Tokio afronta tres litigios fronterizos clave: la disputa con Rusia por las islas Kuriles, las tensiones con China por el archipiélago Senkaku/Diaoyu y la controversia soberana con Corea del Sur por las rocas de Dokdo/Takeshima. Estos puntos de fricción, sumados a las rutas marítimas sensibles, impactan de forma directa en la seguridad del Indo-Pacífico ante el incremento del despliegue aeronaval en la zona. En paralelo, los desafíos a la seguridad trascienden el plano territorial e incorporan la transformación digital. El uso de la inteligencia artificial en la predicción delictiva y el análisis prospectivo de datos se posiciona como una herramienta clave para optimizar la inteligencia estratégica. En este escenario de incertidumbre, la combinación de diplomacia disuasoria e innovación analítica definirá la contención de riesgos y la paz en la región.
A veinticinco años de los atentados del 11S, la geopolítica mundial ha cambiado radicalmente. El fin del «momento unipolar» estadounidense —marcado por invasiones fallidas y vigilancia masiva— ha dado paso a un escenario donde la inestabilidad en Oriente Medio y el Sahel convive con el retorno de la gran competencia entre potencias, desplazando la prioridad antiterrorista. En este turbulento contexto, el reciente referéndum en Islandia funciona como un fiel espejo del desencanto que rodea al proyecto comunitario. La victoria del rechazo a reanudar la integración refleja la encrucijada actual: ¿sigue valiendo la pena sumarse al club europeo? Aunque la amenaza bélica aviva la búsqueda de un paraguas geoestratégico común, prevalece la reticencia a ceder soberanía nacional a un bloque con pérdida de influencia global y estancamiento económico. La lección islandesa confirma que la UE ya no seduce por inercia; sin autonomía ni poder disuasorio real, garantizar protección no basta cuando se exige a cambio sacrificar identidad y control sobre los recursos propios.
El debate sobre la amenaza del Kremlin a la OTAN divide a la inteligencia occidental. Mientras el desgaste militar ruso en Ucrania reduce su capacidad operativa a corto plazo, el flanco báltico mantiene la alerta ante posibles acciones híbridas o de desestabilización. La hipótesis de un ataque abierto contra la Alianza Atlántica choca con la fatiga del ejército de Moscú, aunque el riesgo persistente exige sostener la disuasión en Europa oriental. Paralelamente, el 9 de septiembre marca el aniversario de la muerte de Mao Zedong en 1976. El fallecimiento del fundador de la República Popular China abrió el camino a las reformas de Deng Xiaoping, transformando un modelo de autarquía en un ascenso hacia la hegemonía global. De la autosuficiencia maoísta al pragmatismo económico, el legado de Pekín define hoy la rivalidad sistémica con Occidente y la consolidación de un orden mundial multipolar.
A siete décadas de la nacionalización del Canal de Suez (26 de julio de 1956), la estabilidad económica mundial continúa supeditada a la fragilidad de sus encrucijadas marítimas. Enclaves críticos como Suez, Panamá y el estrecho de Bab el-Mandeb actúan como arterias vitales del comercio global; no obstante, el cambio climático y la inestabilidad en el Mar Rojo exponen una vulnerabilidad estructural que encarece fletes y reconfigura las rutas trasatlánticas. En este tablero de ajedrez logístico, la proyección geopolítica israelí trasciende su entorno inmediato y consolida una fuerte presencia en América Latina. A través de la cooperación militar, la diplomacia tecnológica y la industria de ciberseguridad, Israel busca garantizar apoyos en foros internacionales, diversificar alianzas estratégicas y contrarrestar la influencia diplomática de otros actores regionales en el continente americano. Así, la seguridad de las arterias marítimas y las alianzas transcontinentales convergen en una misma dinámica: la disputa global por la resiliencia y el poder.
La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebrada en Biskek (Kirguistán) volvió a reunir a figuras clave como Vladimir Putin, Xi Jinping, Narendra Modi y Masoud Pezeshkian. Aunque el bloque aspira a consolidarse como un "G7 de Oriente" capaz de desplazar al petrodólar y rediseñar el mapa energético mundial mediante sistemas de pago independientes, las marcadas grietas geopolíticas internas —especialmente la rivalidad estratégica entre India y China— amenazan con neutralizar sus ambiciones estructurales desde dentro. En paralelo, la dinámica bélica en Europa atraviesa una fase de profunda transformación. Con las trincheras estancadas, el frente en Ucrania ya no se limita a la línea de contacto: tanto Moscú como Kiev desplazan una parte decisiva de la confrontación hacia la retaguardia enemiga. Mediante ataques masivos con drones y misiles contra infraestructuras energéticas, nodos logísticos y centros económicos, ambos bandos buscan asfixiar la capacidad operativa y la estabilidad interna del adversario.
El orden multilateral surgido tras 1945 atraviesa una transformación sin precedentes. Javier Rupérez, diplomático de larga trayectoria, exembajador de España en Washington y ex subsecretario general de la ONU, analiza este escenario de enorme incertidumbre donde Estados Unidos replantea su papel histórico. Frente a la polarización interna estadounidense y la vulnerabilidad de sus contrapesos institucionales, Rupérez sostiene que la pluralidad democrática del país está afectada, pero no rota. No obstante, la imprevisibilidad de Washington resquebraja el vínculo transatlántico, desestabiliza a la OTAN y empuja a la Unión Europea a redefinir su autonomía estratégica. En este mapa, Rusia busca alterar las reglas del sistema y China consolidarse como rival sistémico geoeconómico. Asimismo, en conflictos cruciales como Gaza, Rupérez exige mayor activismo europeo y de Naciones Unidas en derechos humanos y reconstrucción. Aunque la relación con aliados no se recuperará de inmediato tras eventuales cambios políticos, la diplomacia sigue siendo clave ante el riesgo de la anarquía.
Las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) cumplen seis décadas de servicio defensivo y operativo. Para conmemorar este hito, la obra Helicópteros del Ejército de Tierra, escrita por Raúl José Martín Palma y editada por Galland Books, rinde homenaje a la evolución de las unidades de alas rotatorias desde su creación. El libro repite la trayectoria técnica e histórica de estas aeronaves fundamentales para la movilidad táctica y el rescate en misiones nacionales e internacionales. A través de un riguroso análisis documental e iconográfico, el autor detalla los modelos emblemáticos que han marcado la aviación militar española. La presentación del volumen tendrá lugar hoy a las 14:35 en formato presencial en el espacio Todo el espacio, congregando a especialistas e interesados en la aviación militar. La publicación ya se encuentra agotada en la plataforma oficial de la editorial, lo que confirma el alto interés histórico y bibliográfico de esta edición conmemorativa.
El 20 de julio, Daniel Ortega liquidó la vía democrática al anunciar que no volverá a haber elecciones en Nicaragua. Este septiembre, el régimen avanza con una reforma constitucional en curso diseñada para blindar su perpetuidad y prohibir la participación de cualquier opositor tildado de "traidor a la patria". Esta deriva trasciende la política interna para convertir a Managua en una pieza clave de la pugna geopolítica global. Al autorizar el ingreso de tropas y buques de Rusia y afianzar sus vínculos económicos con China, Ortega consolida un bloque autoritario que desafía directamente a Washington en su hemisferio. En el tablero internacional, el control oceánico también revaloriza a la Macaronesia. Más allá de su reconocida riqueza ecológica, el corredor conformado por Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde emerge como un nodo geoestratégico de primer nivel. Esta región actúa hoy como la gran bisagra de seguridad, comercio y control de rutas marítimas que conecta a Europa, África y el continente americano.
Con las elecciones nacionales fijadas para el próximo 27 de octubre, Israel se asoma a una encrucijada existencial. El país debate intensamente si su futuro pasa por la mera supervivencia política de Benjamin Netanyahu o si se avecina un cambio de ciclo irreversible en su política exterior y de seguridad. La extrema tensión interna y la reconfiguración de los bloques opositores amenazan con alterar profundamente la proyección exterior del Estado hebreo, en un momento donde las decisiones sobre seguridad nacional dividen a una sociedad polarizada. Paralelamente, el Alto Norte se calienta. El Ártico ha dejado de ser una vasta e inhóspita reserva de hielo para erigirse como el nuevo frente de poder entre la OTAN, Rusia y China. Con la Alianza Atlántica controlando ya siete de los ocho Estados árticos, el reciente lanzamiento de la misión Arctic Sentry y el despliegue multinacional en Finlandia buscan disuadir a Moscú. A este tenso pulso militar se suma el creciente apetito de Pekín, que maniobra para dominar las nuevas rutas marítimas y las materias primas estratégicas liberadas por el deshielo.
La crisis migratoria en Ceuta no puede entenderse sin la memoria histórica norteafricana. Si la República del Rif de Abd el-Krim hubiera consolidado su independencia, el mapa geopolítico sería radicalmente distinto. ¿Actuaría este Estado como un tapón estratégico para España frente al expansionismo de Rabat, o multiplicaría la presión territorial sobre Ceuta y Melilla? Hoy, la realidad es que la marginación sistemática del pueblo rifeño por parte de Marruecos alimenta una inestabilidad social crónica, la cual termina siendo instrumentalizada como guerra híbrida en la frontera española. En el otro extremo del Mediterráneo, la tensión estructural entre Turquía e Israel sigue escalando. Esta intensificación de su rivalidad histórica trasciende la retórica diplomática y responde a una pugna directa por la hegemonía regional. Ambas crisis —la herida inacabada del Rif y el pulso turco-israelí— demuestran cómo las ambiciones no resueltas continúan dictando la seguridad internacional.
La presión migratoria que vive Ceuta y el creciente enfrentamiento entre Israel y Turquía reflejan un mismo fenómeno: la creciente utilización de la geopolítica como herramienta de influencia en un escenario internacional cada vez más inestable. En el caso de Ceuta, expertos como Carlos Echeverría sostienen que los movimientos migratorios no pueden analizarse únicamente desde una perspectiva humanitaria, sino también como un elemento de presión diplomática por parte de Marruecos. La situación coincide con un contexto internacional marcado por los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea e Israel en el norte de África y el Mediterráneo, donde Rabat busca reforzar su posición estratégica. Paralelamente, Oriente Próximo afronta una nueva etapa de incertidumbre por la rivalidad entre Israel y Turquía, dos potencias con intereses enfrentados en Siria, el Mediterráneo oriental y la cuestión palestina. Aunque un conflicto directo sigue siendo poco probable, la competencia por el liderazgo regional incrementa la tensión. Ambos escenarios evidencian que la política exterior, la seguridad y la diplomacia serán determinantes para evitar una mayor escalada y preservar la estabilidad en dos regiones clave para Europa.
El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 marcó un antes y un después en la historia al llevar por primera vez al ser humano a la Luna. Más de medio siglo después, aquella hazaña sirve para entender una nueva competición espacial, esta vez protagonizada por Estados Unidos y China. Ambos países invierten miles de millones en programas de exploración, desarrollo de satélites y tecnologías avanzadas con el objetivo de reforzar su influencia internacional. Los satélites desempeñan un papel estratégico, ya que permiten mejorar las comunicaciones, la navegación, la observación de la Tierra y las capacidades militares. En este contexto, el dominio tecnológico se ha convertido en un factor clave del poder global. La exploración del espacio ya no es solo un desafío científico, sino también un escenario donde se disputan el liderazgo económico, la seguridad y la capacidad de innovación de las grandes potencias.
La región de Asia-Pacífico se consolida como el principal escenario de la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, en un contexto marcado por conflictos cada vez más interconectados. Las tensiones en el estrecho de Taiwán, la península de Corea, el mar de China Meridional y el mar de China Oriental ya no pueden analizarse de forma aislada, sino como parte de una misma dinámica geopolítica. Según el análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), estos focos de inestabilidad reflejan la pugna por el liderazgo internacional y la influencia sobre las principales rutas comerciales y marítimas. Mientras Washington refuerza sus alianzas con socios regionales para contener la expansión china, Pekín amplía su presencia militar, económica y diplomática. Esta competencia sistémica incrementa el riesgo de escaladas regionales con repercusiones globales, afectando al comercio, la seguridad internacional y el equilibrio del orden mundial en las próximas décadas.
El Mediterráneo ha dejado de ser únicamente la frontera sur de Europa para convertirse en un espacio estratégico donde convergen los principales intereses geopolíticos internacionales. La creciente competencia por los recursos energéticos, el control de las rutas marítimas y comerciales, la gestión de los flujos migratorios y los desafíos de seguridad han reforzado su relevancia en el escenario global. Potencias como la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, China y Turquía intensifican su presencia e influencia en una región clave para la estabilidad internacional. Según diversos análisis especializados, el llamado “Mediterráneo ampliado” conecta Europa, África y Oriente Próximo, convirtiéndose en un punto esencial para el comercio mundial y el suministro energético. La profesora e investigadora Lourdes Romero Armenteros destaca que comprender esta transformación resulta imprescindible para interpretar los nuevos equilibrios de poder y los retos políticos, económicos y estratégicos que marcarán el futuro de la región.
Estados Unidos y Arabia Saudí han firmado en Washington un acuerdo de cooperación que permitirá al reino desarrollar una industria nuclear con fines civiles. La Administración de Donald Trump defiende el pacto como una oportunidad para reforzar la seguridad energética saudí, diversificar su economía y abrir un mercado multimillonario para las empresas estadounidenses. El acuerdo contempla la construcción de reactores y el acceso a tecnología nuclear, además de permitir a Riad enriquecer uranio para alimentar su programa energético. Sin embargo, el anuncio ha generado preocupación entre expertos y legisladores por el riesgo de proliferación nuclear en Oriente Próximo. A diferencia de acuerdos previos con otros aliados de la región, el pacto no exigiría a Arabia Saudí renunciar al enriquecimiento de uranio ni adoptar los controles más estrictos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Los críticos advierten de que esta decisión podría desencadenar una carrera armamentística regional y aumentar las tensiones con Irán.
La relación entre Australia y Estados Unidos atraviesa un momento de revisión marcado por los cambios en la política exterior estadounidense y el ascenso de China como potencia regional. Aunque Washington continúa siendo el principal socio estratégico de Canberra en materia de seguridad, una parte creciente de la sociedad australiana muestra dudas sobre la fiabilidad del aliado norteamericano. Diversas encuestas internas reflejan que la confianza en Estados Unidos ha disminuido respecto a hace una década, influida por decisiones internacionales controvertidas y por la percepción de una mayor incertidumbre en el liderazgo estadounidense. En este escenario, Australia intenta mantener el equilibrio entre sus vínculos históricos con Washington y su profunda dependencia económica de China. El triángulo Australia-China-EEUU evidencia cómo las acciones exteriores de una potencia pueden transformar su imagen internacional y afectar incluso a sus alianzas más consolidadas.
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Observed September 20, 2026.
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